- Buenas tardes, mi nombre es Carmen, y soy protagonista de un libro malo, ¿puede ayudarme?.
Mirada molesta del burócrata tras el escritorio
- ¿Y bien?
- Pues… soy la protagonista de un libro fome, y quiero estar en alguna mejor.
- Tú y todo el resto. A veces quisiera que a MÍ me cambiaran de historia. Tengo que llenar la forma, te voy a hacer unas preguntas, y tú contestas, ¿vale?.
- Uuh – Carmen no estaba acostumbrada a que la gente le hablara tan secamente – vale, vale.
El burócrata sacó un gigantesco papel.
- Nombre.
- Carmen.
- ¿Sólo Carmen?, ¿Sin APELLIDOS?
- Ehmm, Carmen De Guiche
- ¿De Guiche??. ¿Qué rayos es esto?.
- Pues bueno, mi historia se trata de que soy una niña que creció toda su vida en Francia, y que sus padres se vienen a Chile y…
- YA, suficiente. ¿Ocupación?
- Soy Detective.
- URGH, ya sé de que va esto. Odio estas novelas. ¿Familia?
- Mi madre, y mi padrastro…
- Ya, y este último es un personaje cómico incidental, tu padre es francés, pero murió o anda de aventuras en el África o en algún lugar que hacen asumir en el libro que debe ser el culo del mundo (lo cual, CLARO, no es muy amable para la gente que efectivamente VIVE en esos lugares, ¿eh?), tu padrastro es chileno, jefe de la policía o algo así, bastante conservador en su trabajo y tú eres como rebelde y rompeesquemas, y siempre rompes las normas, ¿eh?
- ¡Sí!!!, ¿leíste mi novela?.
- ¡Claro que sí!, mierda, ¡unas 10.000 veces!, sólo que siempre es una tía distinta de otro puto país europeo que todos en latinoamérica creen que es garantía de sofisticación (como si en Europa las tías no cagaran ni se tiraran peos), y que es una rebelde e innovadora en su trabajo…
- Eh…
- Claro, y siempre una genia de alguna forma, siempre ve los detalles que nadie ve, pero le cae mal a sus jefes (que son los idiotas que le consiguieron el trabajo en primer lugar, en el manso pituto), sencillamente porque llega vestida de forma rara al trabajo (que a nadie debería importarle en primer lugar), y porque llegas tarde, te levantas tarde, y hablas con acento a veces. ¿Eh?
- Yo…
- Ufff, y los misterios: el colmo de original. Por lo general el genio maligno resulta ser el tío más idiota del mundo: un seductor de los cojones que lo único que hace es dejarte pistas porque está secretamente enamorado de ti y de tu inteligencia, creando el motivo literario más viejo desde la época de las cavernas (Estoy SEGURO que en la cueva de Altamira ya está escrita esta PUTA historia del genio maligno que desea sexualemente a la detective que lo persigue).
- Pero es que yo…
- Claro, es como el puto Acertijo de Batman: si el idiota no dejara pistas, efectivamente SERÍA un gran criminal. Y, claro, decide dejarte pistas en algún tema lo suficientemente críptico como para que todos caigan como Ajedrez, Go, o la canción que tu Santa Mucama (porque la zorra de tu madre apuesto que andaba de viaje) te cantaba cuando niña, ¿eh?.
- Bueno, pero yo quiero decir que…
- MIERDA que detesto estas historias. Además, al final, todo termina trágicamente, el villano muere (o al menos, eso parece, dejando la puerta abierta para la gran secuela, en que el villano volverá convertido en bueno, pero de nuevo parecerá morir o no sé que otro coño, y al final te enamorarás, en el motivo MÁS VIEJO de la literatura romántica, del Nerd que trabaja en el sótano revisando los cadáveres, ¿eh?.
- Es que…
- Ufff, suficiente. Ya terminé de llenar la forma, espera un rato.
Carmen se sentó algo desalentada. De improviso, del altavoz de la oficina.
- Carmen de Guiche, presentarse a “cuentos cortos irónicos”, por favor…

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