En la vida del fanboy difícilmente hay algo más apreciado que poder acercarse e interactuar con el objeto de su devoción. Así, mientras algunos soñarían con conocer a tal o cual escritor o encontrarse con algún deportista, encontramos un numeroso grupo que se precia de tener una banda favorita. Una banda a la cual le han perdonado todo, le han escuchado todo y por más que aparezca otra con un disco mejor, su banda favorita sigue ocupando el indiscutible lugar de preferencia.
Pues bien, me presento: hola, me llamo Esteban y son fanático de Helloween (“Holaaa Esteban”).
Hace diez años, poco antes del mundial de Francia 98 y en plena época del legendario rock y guitarras de Radio Concierto, un ahora extinto programa radial dedicado al metal tenía como leitmotiv del día a bandas que les gustara el fútbol. Así sonaron temas como Futureal del ignorado Maiden de Blaze Bailey y otros temas poco destacables, sin embargo, luego vendría un tal I can de unos alemanes llamados Helloween que por entonces sacaban su tercera placa con Andi Deris en las voces. Y yo escuchaba impactado, ya era fanático.
13 de abril de 2008. Helloween y Gamma ray juntos en una gira histórica tocan en suelo chileno. ¿Qué tiene de histórica? Simple, que Helloween y Gamma ray compartan escenario y gira mundial tiene el mismo valor simbólico que tendría haber visto a Deep purple y Rainbow haciendo algo similar. Y es que Kai Hansen no se había marchado en muy buenos términos de Helloween y durante años se forjó una sólida carrera en Gamma ray, mientras que Weikath trabajaba en la banda de la calabaza, sin que ninguno de los dos se acercara al otro. Por eso el concierto de anoche era especial, porque reunía a la banda primigenia con la de su antiguo líder. Y el concierto no defraudó. Los alemanes estuvieron soberbios, ofreciendo un sólido show por separado, pero cuando se subieron juntas al escenario a tocar dos clásicos ochenteros, Future world y I want out, el teatro simplemente se vino abajo.
{youtube}pAgHspWmVuI{/youtube}
Sin embargo, para mí la jornada no terminaría con el último acorde de I want out, en absoluto. Había logrado un cupo para conocer a la banda en el agringado Meet & greet (¿cuál es la manía de ponerle un nombre en inglés a cualquier weá? Ya no hay entrega sino “delivery” y yo mismo no me doy cuenta de cuanto anglicismo uso a diario) y había estado desde entonces esperando, ansioso, el momento en que conocería a mis ídolos.
Los hechos. Terminado el concierto salí soplao hasta el lugar donde me habían dicho tenían que juntarse los ganadores del mentado meet & greet. Después de un par de malentendidos con los guardias, nos hicieron pasar uno por uno a otro lado del teatro. Fue en ese momento que veo como todo el mundo empieza a sacar posters, booklets de discos y revistas para lograr un autógrafo, mientras que yo no tenía nada a excepción de mi valiente cámara que había aguantado todos los codazos y empujones durante el concierto. Qué mierda hacía entonces, lograba algo rayable o me conformaba con las fotos ¡Piensa rápido, Esteban! Para mi mala fortuna, no pensé tan rápido como debía y así pasaron los minutos, conmigo entre los primeros de la fila y angustiado por no tener ni una sola cuestión para lograr el dichoso autógrafo.
En eso veo a lo lejos al flaco que estaba vendiendo las Bulldozer (revista de metal para los neófitos) así que fui corriendo donde él, “flaco, véndeme una revista, toma la plataaaaa”. – “Ya viejo, vengo al tiro”. Justo en eso, para mi mala suerte, empiezan a hacernos pasar para – por fin – conocer a las bandas y yo, como weón, esperando por la revista. Dejé pasar la cola nomás y así entraron como seis tipos, un minuto después otros seis y yo seguía perdiendo terreno. Hasta que por fin llegó la revista, la recibo dichoso y se abre la puerta, -“Los últimos diez, nadie más, hagan una fila y pasen” ¡Conchesumadre! Me metí nomás a la fila y comienzan a pasar, 1… 2… .3… 9… 10… y yo, más urgido que aval de trapecista. El guardia me ve, -“ya pasa, nadie más” ¡Bien por la chucha! Me rajé y ya estaba en la zona roja, avanzo unos metros y… – pausa dramática – ¡Ahí estaban! Confirmación visual instantánea: Kai Hansen, Henjo Richter, Dirk Schlachter y Dan Zimmermann, todo gamma ray, perfecto; mientras que sólo Dani Loble y Sascha Gerstner, por Helloween ¬¬ ¿Y Andi, Michael y Markus? Simplemente no estaban, me tenía que conformar con media banda. Medio segundo, reflexión estoica y conclusión de fanboy: pobrecitos, deben estar cansados así que los entiendo
¡sigamos!
Para hacerla corta, diré que no pude conversar con ellos porque había como treinta tipos igual que yo, angustiados por sacarse una foto y lograr un autógrafo así que los alemanes se parecían al viejito pascuero: hola, una foto, autógrafo, el que sigue.
Sin embargo, no tuve ningún problema en fotografiarme con ellos, no le pusieron ninguna mala cara a nadie y sonreían todo el rato. Simpáticos los weones.
A la salida le hice deo a un paco que había visto adentro métale sacando fotos y me tiró hasta la Alameda. Caminé un par de cuadras, esquivé a varios travestis, dos curaos y una puta rica, hasta que llegué donde cabezón. Jugamos unos winning pa tirar la talla, comí algo y me dormí. Fin.
— Créditos —
Gracias al Joaco por prestarme la chaqueta de mesclilla, sólo así completé el disfraz de rockero (hace años que dejé la militancia, me costó encontrar una pinta ad hoc jaja), a Simón por comprarme la entrada, al flaco que me hizo la movía pal meet & greet, a Pickman por tener este host tan pro, y, obviamente, a la antigua leyenda.
Escena oculta. O ¿Qué pasó con la revista autografiada?
Día lunes, 7 de la tarde, cansado me subo al bus y lo primero que hago es sacar de la mochila mi trofeo de guerra, la revista, y comienzo a leerla para ver que tanta info buena traía (está piola, tal vez muy mainstream en cuanto a sus contenidos, pero vale la pena). Súbitamente el sueño me vence y me quedo dormido en mala.
Una hora después, despierto porque sonó el celular de algún imbécil que no sabe ponerlo en silencio cuando se sube a un bus a una hora donde todos se quedan dormidos. Somnoliento me pongo la chaqueta, tomo mi mochila y me bajo al frente del depa. Hasta ahí todo bien, llego por fin a la casa y me pongo a contarle al joaco la odisea que fue conseguirme la revista cuando, súbitamente alarmado, veo a mi alrededor y no encuentro nada ¡La revista por la conchasumadre! Treinta segundos después, revisando la guía de teléfono, letra C, Castañeda… Céspedes… Cóndor Bus ¡Tate! “¿Aló, rodoviario? Sabequesemequedóunarevistaarribadelbusyestoyurgidoporlaweaaaaaaaa”, -“A ver, llámeme en 20 minutos porque el bus debe estar por llegar”, dice el tipo al otro lado de la línea. Ok, espero.
Veinte minutos después. “¿Alo? Sabequelollamehaceunratoporquesemehabíaquedadolarevistaenelbus…”, -“Sí, aquí la tengo, déme su nombre y mañana la pasa a buscar” Uffffff, para variar me rajé y la aventura termina con final feliz. Ahora sí que sí, FIN.

Suscríbete







waa yo si jui a ese cocherto y el que no fue se perdio de una gran experiencia