La situación esta completamente fuera de control. Para entender el contexto, tienen que entender la cantidad de cosas que suelen pasarme, que en realidad, no son tantas como uno creería en primera instancia. En realidad son muy pocas, y, a la larga, ninguna de real importancia. Pero hace poco, finalmente ha pasado lo que siempre esperaba que pasara, he VISTO a La Voz.
Sí, la Voz. ¿No es fantástico tan sólo poder sentir algo sobre ella?. No podría describir como todo comenzó, pero ahora, todo parece parte de la vida diaria. Es cosa de, tan sólo, caminar por las calles extrañas y sentir como La Voz me habla con tono cantarino: la busco por los alrededores, y al encontrarla, puedo observar como sus formas caprichosas de Voz me miran sonriente. Es difícil describir lo que me ocurre cuando eso pasa, pero tal vez podríamos definirlo como que si algo vacío se llenara de improviso. Se siente raro, pero eso hace la Voz cuando me sonríe, apareciendo siempre inesperada, detrás de alguna esquina, de la copa de un árbol, o sonriéndome desde el fondo de una bolsa de pelotas saltarinas de colores: escondites para saludarme alegre y mirarme profundamente con sus ojos grandes.
Pero, hay un problema estúpido. Por algún motivo, no puedo VER a la Voz, por más raro que suene. Sólo puedo escucharla cuando ella me llama, y al volverme, allí puedo verla. Pero no puedo verla sino cuando escucho su llamado. De otra forma, no importa cuanto pueda estar mirando o buscando, no la he encontrado, ni creo poder encontrarla de esa forma. ¿Por qué me pasará esto?. Bueno, sé que soy algo distraído y todo eso, siempre ensimismado pensando en letras, números y naipes, y a veces cayéndome a agujeros en el piso, pero, por favor, esperaría que luego de haber visto a la Voz una vez, podría volver a verla. ¿Será que las voces hacen eso?, ¿uno no puede verlas sin que ellas te llamen a ti?. Quién sabe.
… y así pasan los días. A veces me viene la idea que debería buscarla activamente, llamarla a gritos por las calles, organizar grupos de búsqueda para encontrarla… pero el desanimo entonces se ensaña conmigo. Cada vez menos miro detrás de las paredes y dentro de las chimeneas a ver si distingo sus formas… No puedo verla. Nada que hacer. Y sé que de seguro todo volvería a ser lo mismo que antes si no fuera porque a veces, algunas tardes, cuando estoy caminando entre árboles, hojas y libros, vuelvo a escucharla, y entonces puedo volver a deleitarme de la vista de sus formas: sus enormes ojos que me contemplan, y sus dulces labios que me besan, y me despiden, para así poder continuar caminando sonriente hacia un apresurado atardecer.

Suscríbete
