Todo comenzó esa tarde en que nos vimos por primera vez: estaba seguro de que no la había visto antes. Todo parecía indicar eso, de modo que no me preocupé hasta que supe que de VERDAD era cierto, de modo que decidí hablarle y conversar con ella sobre letras, pelotas y manzanas. Ella sonrió y me dijo que le gustaba escribir poesía, yo le tomé su mano y yo me sonrojé y Ella se sonrojó.
Caminamos por la calle tomados de la mano, mirando las nubes, hasta que encontramos a un escritor con cara triste que recolectaba hojas del piso y las miraba fijamente, luego de lo cual su expresión parecía ensombrecerse aún más, pero las guardaba en su bolsillo, clasificándolas cuidadosamente. Le preguntamos qué era lo que hacía, y nos dijo que quería hacer un libro lleno de hojas y hojas, pero sin escribir en ellas, sino que imaginaba una historia enorme dibujada por las hendiduras de la misma, en que las palabras y las tramas había que buscarlas siguiendo las líneas y vueltas dibujadas encima. Había empezado bien, siguiendo una trama algo convulsa, pero ahora parecía que no estaba yendo a ningún lado, o a lados que no se esperaba de modo que buscaba más y más hojas tratando de que la historia fuese a otro lado. Pero a veces las hojas se confundían aún peor y terminaban contando paralelas historias cada vez más enormes y raras que lo tenían muy confundido. Esto nos contó el escritor. Ella puso cara triste, y soltó mi mano, para luego sentarse junto al escritor y comenzó ayudarlo a buscar hojas. Yo me puse triste, y caminé solo mi casa, por las calles vacías. Ahora miro por la ventana, y pienso en cómo solucionar esto. Luego de dar un par de vueltas, pienso que la solución deberá ser el buscar alguna historia en la cual ella terminara sentada al lado mío en lugar de al lado del escritor, y pienso que dicha historia debe estar escrita en alguna parte. Tal vez la podría escribir, pero no soy muy bueno en eso, pero si el escritor tiene razón, y las hojas contienen historias cada vez más complejas y extensas, de modo que las hojas deberían contar en alguna parte dicha historia. Sí, allí debe estar la respuesta. De modo que camino bajo el enorme árbol que está en la calle afuera de mi casa y empiezo a buscar en las hojas la historia en que yo acabo sentado junto a ella, y así ahora voy a hacer un libro de muchas hojas y hojas…

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